jueves, 3 de febrero de 2011

La blogosfera

Llevo años en la blogosfera. Primero como lectora, luego como autora de varias bitácoras. En todo este tiempo nunca le he revelado a nadie de mi entorno esta afición.

Nadie sabe que tengo un blog. Ni amigos, ni parientes… He decidido dejarlo totalmente al margen de mi vida personal. Este rinconcito es el sitio donde puedo hablar de cualquier cosa con total tranquilidad. Nadie que me conozca sabe de su existencia, así que no van a venir a pedir cuentas ni a juzgar lo que escribo.

Aquí no soy del todo yo, porque hay facetas de mí que quedan fuera. Aunque quizás soy más yo que nunca, porque muestro cosas de mí misma que en la vida real no me atrevo a enseñar.

A veces me pregunto qué visión tendrá de mí cada una de las personas que entra en esta página y lee lo que escribo. Cómo se imaginaran que soy. Si alta, baja, alegre, triste, aburrida o la alegría de la huerta.

Aquí mostramos nuestro yo más íntimo y a la vez no nos conocen de nada. Es curioso pensarlo.

Leyendo bitácoras ajenas puedes llegar a conocer a alguien mucho más de lo que le conocerán algunas de las personas de su entorno. Porque hay a quien vemos todos los días y que no sabe absolutamente nada de nosotros, pues únicamente cruzamos unas cuantas frases de cortesía. En cambio, aquí conocemos las alegrías y penas de los blogueros, sus sueños e ilusiones, lo que les quita el sueño y lo que les importa un carajo. Y ni si quiera nos hemos mirado a la cara ni una sola vez.

Es el milagro de la red. Tan fría y a la vez tan cálida. Es un simple ordenador ante tus ojos, o un millón de emociones que se esconden entre los millones de páginas web que están a nuestra disposición.

Y con la de bitácoras que podías haber leído, resulta que vas y terminas en la mía. Y a lo mejor soy alguien que si conocieras en la vida real te parecería la persona más insulsa del mundo, o nos llevaríamos a matar. Aunque también puede ser que si nos conociéramos, nos diésemos cuenta de que somos almas gemelas. Nunca se sabe. Y la duda, lo desconocido, para mí hace la red mucho más interesante. Hay millones de personas y escondidas entre todas ellas quizá puede que haya alguien capaz de cambiarte la vida. O puede que no y que todo esto no sean más que tonterías. Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para opinar?

jueves, 20 de enero de 2011

Ricas y famosas

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Que se empeñan en adelgazar y adelgazar…

 

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…hasta que da cosica verlas.

¿No estaba mucho más mona antes?

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lunes, 10 de enero de 2011

Depilación masculina

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En los últimos tiempo he leído a varias blogueras que escribían acerca del tema de la depilación masculina, y la mayoría preferían a los hombres clásicos, sin depilar, a los que optan por quitarse el vello. Pues bien, hoy voy a dar mi opinión.

A mí me gustan los hombres depilados. Cuanto más, mejor. No voy a hacer un drama si me encuentro con uno que no se depila; no suele molestarme siempre y cuando el individuo en cuestión no parezca un oso porque, eso sí que no lo soporto. Para mí el refrán ese de “el hombre como el oso…”, me suena al hombre de las cavernas.

Y que no me vengan con que ellos vienen con pelo de serie y que por eso no se lo quitan. Yo también traigo pelos de serie y me los quito. Tampoco creo que por depilarse sea uno menos hombre. Vamos, que no me parece algo de “maricones”, como suelen decir esos que se creen muy machos.

Quizá mi gusto por los hombres sin pelo en el cuerpo venga de que la mayoría de los que conozco se depilan. Estoy acostumbrada a ver cuerpos depilados y lo que me resulta raro es ver uno que no lo está. Para mí, digan lo que digan, no hay nada como un pecho depilado, sobre todo si hay unos buenos pectorales de por medio. Me parece un delito el tener un pecho precioso y que no se vea porque hay una selva sobre él. El pelo no me parece nada sexy.

Tampoco soporto los pelos en la espalda ni en los glúteos. Qué queréis que os diga, soy así de tiquismiquis. No me gustan los hombres peludos.

En las axilas me da un poco igual, aunque no me parece muy bonito ni muy higiénico llevar medio metro de pelos ahí colgando. Pero bueno, cada uno que haga lo que quiera. En las piernas los pelos no me molestan, aunque me parecen más bonitas unas piernas depiladas. Y en las zonas íntimas, pues más de lo mismo.

Conclusión: ¿Depilación obligatoria? Pues tanto como eso, no, pero creo que un cuerpo depilado gana mucho.

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Supongo que con una foto bastaba, pero me gusta documentarme bien. Jaja.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Del frío y hombres que hablan en sueños.

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Esto no es lo mío… tanto frío, tanta lluvia… todos los años lo mismo. Y es que el invierno y yo no nos llevamos muy bien. Intento sobrellevarlo como puedo, pero cada vez que salgo a la calle no puedo evitar pasar un mal rato, así que para reducirlo todo lo que pueda tengo que tirar del abrigo más grueso que encuentro, bufanda, gorro y guantes. Y para dormir no digamos. No es que haga especialmente frío en mi casa, pero es que es meterme en la cama y los pies se me convierten en dos bloques de hielo y así no hay manera de dormir. Así que duermo con un edredón nórdico que compró mi hermano pero que me regaló porque decía que pasaba un calor de tres pares de narices. Pues yo no solo no paso calor con él, sino que además me acuesto con pijama de invierno y calcetines. Mi familia se ríe de mí por ser tan friolera, pero ¡qué queréis que le haga! Es llegar el invierno y las manos se me quedan heladas permanentemente, hasta que vuelve la primavera. Creo que no me funciona muy bien el termostato.

Pero cuando duermo acompañada intento hacerme la fuerte. Hay que estar sexy, así que me olvido del pijama y los calcetines y me pongo a dormir en tanga tan pancha. ¿Frío yo? Eso es un mito, hombre! Aunque también es cierto que nunca paso frío cuando comparto cama con un hombre. No sé si será por el tema del calor corporal que desprenden o porque me caliento automáticamente de tener a un buen maromo al lado. Cosas que pasan.

Esta noche, como no tengo quien me haga compañía tendré que ponerme los calcetines. Lo bueno es que ellos seguro que no te despiertan. Lo cual me recuerda que tuve un novio que hablaba en sueños. Las primeras noches lo pasé fatal porque pensaba que estaba despierto y, como no entendía nada de lo que decía, no paraba de preguntarle qué narices me estaba diciendo.

Una noche, que debía de estar más muerta que viva, me quedé dormida cuando él tenía ganas de marcha. Él se durmió también pero, en mitad de la noche, me despertó hablando en sueños. Lo curioso del asunto es que entre el balbuceo sin sentido que emitía, escuché una frase: “¡¡Ya veo que ésta noche nada!!” y alguna que otra palabra no muy bonita que deduzco iba dirigida a mí. Me dejó loca.

Al día siguiente él juraba y perjuraba no acordarse de nada pero se tiró media mañana riéndose de sus floridos comentarios nocturnos.

Nada, que en el fondo lo mejor es dormir sola…

lunes, 20 de diciembre de 2010

Vacaciones

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A lo tonto, ha pasado un mes desde mi última entrada. He estado tan liada que ni me he dado cuenta. Es lo que tiene tener que preparar los exámenes y hacer decenas de prácticas y trabajos.

No pensaba que el máster fuese a ser tan duro. En toda la carrera no me sentí tan agobiada en ningún momento como lo he estado en las últimas semanas. Pero, por fin, esta semana empiezo mis esperadas vacaciones y voy a tener un par de semanas para descansar y olvidarme de la paliza que me he pegado.

En unos días es navidad. Llega una época del año que esperaba con ganas para tener unos días libres, pero que no me emociona demasiado.

Cuando era pequeña me encantaban las navidades y las esperaba con toda la ilusión del mundo, como todos los niños; pero, con los años, la magia se va perdiendo. Ahora sólo las veo como una época en la que vayas donde vayas está todo abarrotado y la gente se vuelve loca por comprar y comprar como si no hubiese mañana.

Sé que a muchos les encanta esta época pero, lo siento, no soy capaz de compartirlo.

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