Después de pasar un mes de agosto la mar de tranquilo en un Madrid despojado de las tres cuartas partes de sus habitantes, se siente un poco de morriña el ver que las calles se vuelven a abarrotar, todos salen como locos a comprar para llenar sus neveras con la vuelta a casa, y no hay manera de aparcar a la primera. Todavía hace calor, aún quedan unos días de piscina, pero hoy es un día en el que se empieza a sentir la marcha del verano y las tormentas que han decidido visitarnos parece que lo hacen para confirmarlo.
Y ahora que todos han vuelto, estoy preparando una escapada para la segunda quincena de septiembre. No van a ser más que 3 o 4 días, pero me parece que van a saber a gloria. Todavía no sé cuál va a ser el destino. En el aire están Ibiza o alguna isla Canaria, aunque también vengo arrastrando las ganas de ir a Florencia. Pero lo que más me importa no es el destino, sino desconectar un poco y pasarlo bien.
No me gusta viajar en agosto, hay demasiada gente en todas partes. En cambio, septiembre me parece un mes estupendo. Menos gente, menos calor y los mismos destinos a menor precio.