jueves, 20 de enero de 2011

Ricas y famosas

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Que se empeñan en adelgazar y adelgazar…

 

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…hasta que da cosica verlas.

¿No estaba mucho más mona antes?

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lunes, 10 de enero de 2011

Depilación masculina

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En los últimos tiempo he leído a varias blogueras que escribían acerca del tema de la depilación masculina, y la mayoría preferían a los hombres clásicos, sin depilar, a los que optan por quitarse el vello. Pues bien, hoy voy a dar mi opinión.

A mí me gustan los hombres depilados. Cuanto más, mejor. No voy a hacer un drama si me encuentro con uno que no se depila; no suele molestarme siempre y cuando el individuo en cuestión no parezca un oso porque, eso sí que no lo soporto. Para mí el refrán ese de “el hombre como el oso…”, me suena al hombre de las cavernas.

Y que no me vengan con que ellos vienen con pelo de serie y que por eso no se lo quitan. Yo también traigo pelos de serie y me los quito. Tampoco creo que por depilarse sea uno menos hombre. Vamos, que no me parece algo de “maricones”, como suelen decir esos que se creen muy machos.

Quizá mi gusto por los hombres sin pelo en el cuerpo venga de que la mayoría de los que conozco se depilan. Estoy acostumbrada a ver cuerpos depilados y lo que me resulta raro es ver uno que no lo está. Para mí, digan lo que digan, no hay nada como un pecho depilado, sobre todo si hay unos buenos pectorales de por medio. Me parece un delito el tener un pecho precioso y que no se vea porque hay una selva sobre él. El pelo no me parece nada sexy.

Tampoco soporto los pelos en la espalda ni en los glúteos. Qué queréis que os diga, soy así de tiquismiquis. No me gustan los hombres peludos.

En las axilas me da un poco igual, aunque no me parece muy bonito ni muy higiénico llevar medio metro de pelos ahí colgando. Pero bueno, cada uno que haga lo que quiera. En las piernas los pelos no me molestan, aunque me parecen más bonitas unas piernas depiladas. Y en las zonas íntimas, pues más de lo mismo.

Conclusión: ¿Depilación obligatoria? Pues tanto como eso, no, pero creo que un cuerpo depilado gana mucho.

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Supongo que con una foto bastaba, pero me gusta documentarme bien. Jaja.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Del frío y hombres que hablan en sueños.

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Esto no es lo mío… tanto frío, tanta lluvia… todos los años lo mismo. Y es que el invierno y yo no nos llevamos muy bien. Intento sobrellevarlo como puedo, pero cada vez que salgo a la calle no puedo evitar pasar un mal rato, así que para reducirlo todo lo que pueda tengo que tirar del abrigo más grueso que encuentro, bufanda, gorro y guantes. Y para dormir no digamos. No es que haga especialmente frío en mi casa, pero es que es meterme en la cama y los pies se me convierten en dos bloques de hielo y así no hay manera de dormir. Así que duermo con un edredón nórdico que compró mi hermano pero que me regaló porque decía que pasaba un calor de tres pares de narices. Pues yo no solo no paso calor con él, sino que además me acuesto con pijama de invierno y calcetines. Mi familia se ríe de mí por ser tan friolera, pero ¡qué queréis que le haga! Es llegar el invierno y las manos se me quedan heladas permanentemente, hasta que vuelve la primavera. Creo que no me funciona muy bien el termostato.

Pero cuando duermo acompañada intento hacerme la fuerte. Hay que estar sexy, así que me olvido del pijama y los calcetines y me pongo a dormir en tanga tan pancha. ¿Frío yo? Eso es un mito, hombre! Aunque también es cierto que nunca paso frío cuando comparto cama con un hombre. No sé si será por el tema del calor corporal que desprenden o porque me caliento automáticamente de tener a un buen maromo al lado. Cosas que pasan.

Esta noche, como no tengo quien me haga compañía tendré que ponerme los calcetines. Lo bueno es que ellos seguro que no te despiertan. Lo cual me recuerda que tuve un novio que hablaba en sueños. Las primeras noches lo pasé fatal porque pensaba que estaba despierto y, como no entendía nada de lo que decía, no paraba de preguntarle qué narices me estaba diciendo.

Una noche, que debía de estar más muerta que viva, me quedé dormida cuando él tenía ganas de marcha. Él se durmió también pero, en mitad de la noche, me despertó hablando en sueños. Lo curioso del asunto es que entre el balbuceo sin sentido que emitía, escuché una frase: “¡¡Ya veo que ésta noche nada!!” y alguna que otra palabra no muy bonita que deduzco iba dirigida a mí. Me dejó loca.

Al día siguiente él juraba y perjuraba no acordarse de nada pero se tiró media mañana riéndose de sus floridos comentarios nocturnos.

Nada, que en el fondo lo mejor es dormir sola…

lunes, 20 de diciembre de 2010

Vacaciones

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A lo tonto, ha pasado un mes desde mi última entrada. He estado tan liada que ni me he dado cuenta. Es lo que tiene tener que preparar los exámenes y hacer decenas de prácticas y trabajos.

No pensaba que el máster fuese a ser tan duro. En toda la carrera no me sentí tan agobiada en ningún momento como lo he estado en las últimas semanas. Pero, por fin, esta semana empiezo mis esperadas vacaciones y voy a tener un par de semanas para descansar y olvidarme de la paliza que me he pegado.

En unos días es navidad. Llega una época del año que esperaba con ganas para tener unos días libres, pero que no me emociona demasiado.

Cuando era pequeña me encantaban las navidades y las esperaba con toda la ilusión del mundo, como todos los niños; pero, con los años, la magia se va perdiendo. Ahora sólo las veo como una época en la que vayas donde vayas está todo abarrotado y la gente se vuelve loca por comprar y comprar como si no hubiese mañana.

Sé que a muchos les encanta esta época pero, lo siento, no soy capaz de compartirlo.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

De novios infieles

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La otra noche salí a tomar algo con unos amigos y me encontré con el chico de este post.

Entramos a un bar de copas y le vi en la barra acompañado por dos personas que no conocía (a la novia no la vi por ninguna parte). Le saludé, cruzamos unas cuantas frases de cortesía y me fui a sentar con mis amigos en unos sofás al fondo del local. No volvimos a cruzar palabra hasta que me levanté y tuve que pasar por su lado camino del cuarto de baño, momento en el cual se me acercó y empezó a preguntarme que tal iba la noche y otras cosas por el estilo. Tras presentarme a sus amigos, les sugerí que podían venir a sentarse con nosotros y así seguíamos charlando todos juntos. Aceptaron mi invitación y, al cabo de un rato, estábamos hablando de mil cosas y riéndonos sin parar.

A eso de las 2 sus amigos nos dejaron, ya que tenían que trabajar al día siguiente, pero él decidió quedarse un poco más y nos fuimos los cuatro a otra garito que sugirieron mis amigos, que andaban con ganas de juerga y querían algo más de marcha. Al cabo de un rato y aprovechando que yo “estaba bien acompañada”, se largaron de ligoteo por ahí y nos dejaron a los dos solos. Y ahí fue cuando el muchacho se empezó a poner cariñoso…

Al principio solo fue el típico tonteo sin importancia (o al menos eso supuse yo). Mientras nos contábamos cosas de nuestras vidas, dejaba caer de vez en cuando un “que guapa estás hoy” o “tienes una mirada preciosa”. Y todo hubiese seguido bien si no hubiera sido porque, en un determinado momento, intentó besarme.

Mi reacción fue pararle poniéndole una mano en el pecho y preguntar:

- ¿Y tú novia?

A lo que él se sonrió y respondió:

- No va a enterarse.

Con eso ya había tenido bastante, así que decidí dejarle plantado e irme en busca de mis amigos no sin antes decirle:

- Mira tío, eres un capullo.

Y eso fue todo.

Ya sé que si no es conmigo será con otra, pero al menos yo me he quedado con la conciencia tranquila y no he contribuido a que los cuernos de su novia sigan creciendo. ¡Bastante tiene que tener ya la pobre!

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